lunes, 2 de marzo de 2015

Las 16 puñaladas que mataron al faraón Senebkay

Unos 3.700 años después de su muerte, el nombre y la existencia del faraón Senebkay emergieron el año pasado de las arenas de Abydos, uno de los principales centros políticos del Alto Egipto a unos 500 kilómetros al sur de El Cairo. El paso por laboratorio de su esqueleto, recuperado y ensamblado pieza a pieza, ha desvelado ahora las brutales puñaladas que acabaron con la vida de un avezado jinete.
"El cuerpo de Senebkay es un gran misterio. Fue brutalmente asesinado en el campo de batalla. El esqueleto sugiere además que su muerte se produjo lejos de su lugar de enterramiento en Abydos", cuenta a EL MUNDO Joseph Wegner, director de la misión de la Universidad de Pensilvania que horada desde hace más de tres décadas el lugar en busca de una necrópolis real del segundo periodo intermedio (1800 a. C. a 1550 a. C.). "¿Quién era el enemigo? Muy posiblemente fueron los reyes hicsos del norte de Egipto", agrega el académico.
El análisis forense -a cargo de María Rosado y Jane Hill, profesoras de la Universidad de Rowan, en Nueva Jersey- ha despejado algunos de los enigmas que suscitó el hallazgo del monarca. "Murió cuando tenía entre 35 y 40 años. Su edad estaba más cercana a la cuarentena por los rasgos que vi en el cráneo, los dientes o la pelvis", señala a este diario la chilena María Rosado, antropóloga forense y coautora del estudio. "Por todo el trauma que detectamos en su cuerpo podemos deducir que murió violentamente. La causa última de su fallecimiento fue el golpe que le dieron en el parietal izquierdo del cráneo con un instrumento muy afilado que aún estamos buscando", detalla.
Senebkay, caído en una emboscada o atacado ferozmente por varios agresores, apenas pudo defenderse. "Salvo un trauma, que fue causado muchos antes de morir y que estaba sanando, los restantes 16 golpes fueron propinados justo antes de morir o en el momento mismo de la muerte. Se asemeja al resultado de un homicidio en Estados Unidos cuando la víctima es agredida y traumatizada antes de morir", confiesa Rosado. La autopsia del rey muestra un reguero de heridas: en el pie derecho; el hueso sacro; en las manos al trata de defenderse o en la cara.
Protagonista de una muerte terrible, Senebkay es el primer faraón caído en batalla. Hasta ahora el único conocido era Seqenenre Tao, de la dinastía XVII cuyos restos reposan en el Museo egipcio de El Cairo. El ángulo y la dirección de las heridas sugieren que Senebkay, con una altura que oscila entre los 172 y 182 centímetros, se hallaba en una posición más elevada -a lomos de un caballo o encaramado en un carro- en el momento de sufrir el salvaje ataque. "Es uno de los escenarios posibles porque presenta un corte en el tobillo. Pudieron hacérselo para inmovilizarle, bajarle del caballo, arrastrarle y propinarle entonces el resto de incisiones", agrega la experta.
Una vez en el suelo, los agresores le sometieron a una tunda que le causó la muerte fulminante. "Pudo ser cuestión de minutos. Uno de los golpes en el frontal de la cabeza le desvió completamente el hueso y le tuvo que dejar inconsciente en un par de minutos o incluso menos", indica Rosado, que ha hallado además en la anatomía del faraón pistas de su afición ecuestre. "Tiene una pelvis mucho más definida, los músculos de las piernas son extremadamente fuertes y se ve más esfuerzo en el cuerpo", enumera la antropóloga.
Su estatus de curtido jinete es una de las principales conclusiones que examina el equipo de Wegner. "Los esqueletos de Senebkay y de otro rey hallado en el mismo lugar cuyo nombre todavía se desconoce muestran signos de la formación en la guerra y muy significativamente del uso a largo plazo de los caballos", apunta el egiptólogo, quien subraya que el uso de la equitación en la guerra no era común hasta después de la edad de bronce. "Todavía tenemos mucho que aprender sobre los importantes cambios tecnológicos que se producen durante el período de los hicsos y Senebkay está ofreciendo una nueva visión de esta importante época", apostilla.
El descubrimiento de Senebkay -cuyo nombre significa "mi espíritu es saludable" y aparece mencionado en el conocido como papiro de Turín- confirmaría la existencia de la llamada "dinastía de Abydos" defendida por el egiptólogo Kim Ryholt, y dibujaría un Egipto dividido y dominado por reyes fugaces, a menudo militares o extranjeros que eran desalojados del trono apenas unos meses después de su ascenso.
En concreto, la regencia de Senebkay demostraría que una parte del imperio rechazó la invasión de los hicsos, oriundos de Canaán (el territorio que ocupan hoy Palestina y Siria) que tomaron el control del Bajo Egipto a mediados del siglo XVII a.C. aprovechando la crisis interna. "Senebkay reinó alrededor del 1650 a.C. al mismo tiempo que la dinastía XVI con sede en Tebas. Hay al menos otras siete tumbas reales cerca de la suya que pueden pertenecer a otros monarcas de la 'dinastía de Abydos' que gobernaron al margen de Tebas y los hicsos", concluye Wegner.

Fuente: El Mundo: http://www.elmundo.es/ciencia/2015/02/26/54eef891268e3ef2128b457d.html

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