miércoles, 21 de enero de 2015

La olvidada Sevilla arqueológica

Caminamos por ruinas frágiles, sobre una Sevilla sostenida apenas por fragmentos, piezas dispersas, audaces hipótesis históricas. Una ciudad subterránea y extraña, sumergida en el fango y la oscuridad, perdida en la memoria, un puzzle de recuerdos olvidados que a veces aparecen por fortuna en el azar de una excavación, en las profundidades de solares, sótanos, criptas y cimientos.
Frente a la Sevilla bajomedieval, moderna y contemporánea, hay una ciudad que se cuece en el fuego lento donde se mezclan la leyenda y la Historia. Una Sevilla de compleja lectura:la que parte de sus remotos orígenes fenicios en el siglo IX a.C. ¿Cómo era la ciudad de entonces? ¿Quiénes la habitaban? ¿Cuál era el perímetro de esa Sevilla de antaño?
Un revelador libro se propone ahora desentrañar esa ciudad desconocida que durante demasiados siglos ha permanecido oculta y disimulada entre las brumas de la leyenda y el barro del subsuelo. Se trata de Sevilla arqueológica:la ciudad en época protohistórica, antigua y andalusí, obra publicada por la Universidad de Sevilla y el Ayuntamiento y que aborda una lectura arqueológica en un complejo trabajo coordinado José Beltrán Fortes y Oliva Rodríguez Gutiérrez.
Esta obra monumental es el resultado del proyecto de investigación de excelencia «Sevilla Arqueológica. Investigación y modelo de gestión del patrimonio arqueológico urbano de Sevilla». Lo fundamental es que este libro recopila todas las informaciones arqueológicas dispersas que han aparecido en los últimos años a raíz de los hallazgos en excavaciones arqueológicas realizadas en la Encarnación, los Jardines del Cristina y Paseo de Colón, el Patio de Banderas o los amplios viarios afectados por las obras del metro y el tranvía.
Y es que en los últimos años, el lector interesado en la Historia de la ciudad había hallado en la prensa noticias sobre hallazgos sorprendentes en excavaciones arqueológicas en estos solares. Unas informaciones que hablaban incluso de refutación de teorías anteriores sobre los orígenes de la ciudad o incluso de verdades asumidas acerca de los periodos históricos.
Sin embargo, eran noticias dispersas, deshilvanadas, descontextualizadas y mal narradas por falta de datos que únicamente se podían encontrar explicadas con rigurosidad en publicaciones académicas, pero muy lejanas a la comprensión del gran público. Además, faltaba la lectura global, la comprensión total de un periodo con demasiadas lagunas. En resumen, la reconstrucción de la Sevilla antigua era un caos para el neófito y hasta el especialista caminaba sobre terrenos resbaladizos.
Ahora este libro aporta una mirada total, un panorama histórico-arqueológico actualizado a partir precisamente de las últimas excavaciones y sus sorprendentes hallazgos que han permitido dar la vuelta a muchas teorías consideradas 'sagradas'.
Paseemos por algunos de estos descubrimientos que han cambiado la idea sobre la Sevilla que va de los orígenes fenicios en el IX a.C. al reflujo turdetano, la efímera presencia cartaginesa, la presencia romana hasta convertirse en capital económica de la Bética, la época tardoantigua, la cristianización y desmembramiento del Imperio, la eclosión visigoda, la invasión musulmana y finalmente la reconquista cristiana. Un espectacular periodo histórico que en buena parte permanece dormido, olvidado, aún esperando su oportunidad bajo los cimientos de las casas en las que vivimos.

Casa almohade en la calle Castilla

En este itinerario de hallazgos arqueológicos descubrimos el jardín de una casa almohade excavado en la calle Castilla y nos preguntamos ¿quién viviría aquí? ¿cómo fue su vida? ¿qué quedó de su memoria? La arqueología sólo descubre a medias lo que pudo ocurrir en el pasado. Sobre un profundo y meditado análisis científico se aventuran teorías, se proponen realidades posibles, pero siempre queda una cierta insatisfacción.
Una circunstancia que en Sevilla se ve subrayada por varias circunstancias que destacan los especialistas que participan en este ambicioso proyecto. «Los ritmos de trabajo, en muchas ocasiones, impuestos desde un mercado ajeno a los tiempos de investigación y estudio, no siempre han facilitado una lectura pausada y coherente. También se ha echado de menos un instrumento integral de documentación y procesado de los mismos que permitiera gestionar la urbe como yacimiento único en su compleja diacronía», comentan José Fortes y Oliva Rodríguez en su crítica a la falta de tutela patrimonial y cierta desidia institucional.
Desde luego, es un hecho que esta lectura global de la Sevilla antigua está impedida por la forzada atomización de solares y factores como la elevada cota del nivel freático.
En el mismo tono interviene el profesor Antonio Caballos, profesor de Historia Antigua e impulsor de esta obra como director del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla:«Está la parquedad de fuentes literarias y epigráficas, la continuidad urbanística, que propicia el reaprovechamiento de materiales, si no la radical desaparición del registro arqueológico, unido a una corta y compleja estratigrafía condicionada por el reducido nivel freático, fruto de la escasa altitud de la ciudad y de la inmediata vecindad del Guadalquivir».
Sin embargo, a pesar de estas circunstancias, en los últimos años se puede hablar de una auténtica revolución en la arqueología sevillana. Por ejemplo, una oportunidad fabulosa fueron las obras realizadas en el mercado de la Encarnación, ya que permitieron que se levantara la piel de la ciudad en un enclave estratégico de la Sevilla antigua, en un escenario en el que se había asentado buena parte de la ciudad romana. Y el pasado romano, a pesar de su importancia en Sevilla, era uno de los periodos más desconocidos por la ausencia de hallazgos arqueológicos.
En estas excavaciones se encontraron espacios sorprendentes como la Casa de la Columna, la Casa del Sigma, la de los Dameros o de la Ninfa. Aquí es posible 'comprender' cómo era la vida cotidiana en Hispalis. Nos asomamos a las piletas de salazones en el solar de la Encarnación y podemos intuir el trasiego de mercaderes en la época, una atmósfera no muy diferente de la que se sucede arriba, en el reformado mercado de la Encarnación.
Precisamente, esta cripta arqueológica del Antiquarium ha sido una de las grandes incorporaciones históricas de los últimos años junto a centros de interpretación y áreas musealizadas como el castillo de San Jorge en Triana o la cisterna de la Pescadería en la Alfalfa.
Lo que sí aclaran los autores de este libro es que no se trata de una guía monumental puesto que sólo se puede visitar una mínima parte de estos restos arqueológicos. «La mayor parte de los vestigios documentados en estas décadas pasadas se encuentran hoy cubiertos, bajo construcciones modernas, cuando no, desafortunadamente, desaparecidos», aclaran José Beltrán y Oliva Rodríguez.
En este sentido, el libro se plantea como una obra de lo oculto, ya que cuenta con un importante apartado de planos, mapas, callejeros para descubrir las huellas históricas y numerosas fotografías de las excavaciones cuyos descubrimientos permanecen ocultos, justo debajo de donde probablemente caminamos todos los días.
Por ejemplo, al caminar por la Avenida de Roma y los Jardines del Cristina sabremos que existen restos de una parrilla de horno o que en la calle San Fernando se descubrieron ambientes domésticos de época romana altoimperial. Piensen en ellos cuando atraviesen veloces en el metro por esos niveles donde se sucedía la Sevilla antigua.
En estas piezas dispersas descubrimos una inscripción honorífica dedicada a Antonino Pío por los barqueros del Guadalquivir o enterramientos de inhumación documentados en las calles San Luis 26 e Inocentes,ungüentarios del ajuar funerario de tumbas excavadas en el solar del hoy Parlamento de Andalucía o un muro de ánforas púnicas hallado durante la intervención realizada en la calle Alemanes 25.
Y remontándonos en el tiempo a la Sevilla más lejana surgen hornos de la ciudad turdetana aparecidos en el Palacio Arzobispal o el misterioso suelo de conchas marinas de El Carambolo en los años de apogeo del santuario dedicado a Astarté.
Pero sin duda la gran revelación en clave arqueológica en los últimos años la han aportado las excavaciones en el Patio de Banderas. Se trata de la ciudad protohistórica: «La ocupación primigenia del solar hispalense da comienzo en el siglo IX a.C., en el marco de un paisaje lacustre en el que muy pronto se deja ver la acción colonizadora procedente del mediterráneo oriental y su estrategia territorial», explica José Luis Escacena.
Es la oscura y aún por desvelar Spal. Este enclave comercial fenicio correspondería a un reducido altozano de forma oval que iría, en sentido este-oeste, desde la calle Fabiola hasta la zona de la catedral y, en su eje norte-sur, desde la plaza de la Alfalfa hasta el Patio de Banderas del Alcázar. Una mínima Sevilla de la que están surgiendo teorías sorprendentes.
La arqueología de la vida cotidiana ha descubierto hoyos empleados como basureros de las casas cercanas, que se extendían tal vez desde la calle Mateos Gago hacia el norte, pero otros corresponden a cocinas al aire libre, ya que contiene numerosos hogares, carbones y ceniza, huesos de animales y ollas de cerámica. Unasfosas-cocinas que forman parte de un suburbio meridional de Sevilla, un posible cinturón de servicios, en este caso concreto próximo al puerto.
La Sevilla turdetana es otro periodo con numerosas lagunas y muchos interrogantes porque apenas existe media docena de excavaciones en la Cuesta del Rosario, Argote de Molina, San Isidoro, Mármoles, Abades, Palacio Arzobispal o la calle Alemanes que sólo descubren pequeños retales, insuficientes fragmentos inconexos. «La ciudad turdetana descansa silenciosa, sumergida bajo las aguas, a muchos metros de profundidad. Las calles, las casas, los mercados, el puerto por el que discurrieron nuestros antepasados yacen mudos entre capas de fango y detritus, en una oscura y perenne humedad», asegura el profesor García Fernández.
Entre las curiosidades de la Sevilla romana, se descubre el que podría ser el primer habitante de la Sevilla antigua al que se individualiza en las fuentes históricas:Filón, integrante del conuentus [agrupaciones de ciudadanos romanos asentados en la ciudad a mediados del siglo I a.C.]. «Era un acérrimo partidario de Pompeyo, seguramente poseedor de la ciudadanía romana y miembro conspicuo de la élite social hispalense, y al parecer alma de la resistencia de la ciudad frente a las armas cesarianas», aclara el profesor Ordoñez Agulla refiriéndose a la guerra entre partidarios de César y de Pompeyo.
El libro continúa su viaje en el tiempo por otros solares descubriendo hallazgos náuticos en la Plaza Nueva, una necrópolis de época califal bajo la calle Divina Enfermera o el palacio andalusí hallado en las excavaciones en el antiguo barrio de San Juan de Acre en San Lorenzo.

Fuente: El Mundo: http://www.elmundo.es/andalucia/2015/01/07/54ad6fb8e2704e773d8b456b.html?cid=MNOT23801&s_kw=la_olvidada_sevilla_arqueologica

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