martes, 25 de noviembre de 2014

Javier Carmona (Instituto de Geociencias IGEO, CSIC-UCM); Saioa A. Campuzano (Universidad Complutense de Madrid - Instituto de Geociencias IGEO, CSIC-UCM); F. Javier Pavón-Carrasco (Istituto Nazionale di Geofisica e Vulcanologia); María Luisa Osete (Universidad Complutense de Madrid); Javier Larrazabal (Verde Manganeso): El arqueomagnetismo como técnica de datación: Ejemplo de estudio en Fonte do Milho (Peso da Régua, Portugal), un poblado de la Segunda Edad del Hierro e inicios del Imperio.

Javier Carmona (Instituto de Geociencias IGEO, CSIC-UCM); Saioa A. Campuzano (Universidad Complutense de Madrid - Instituto de Geociencias IGEO, CSIC-UCM); F. Javier Pavón-Carrasco (Istituto Nazionale di Geofisica e Vulcanologia); María Luisa Osete (Universidad Complutense de Madrid); Javier Larrazabal (Verde Manganeso): El arqueomagnetismo como técnica de datación: Ejemplo de estudio en Fonte do Milho (Peso da Régua, Portugal), un poblado de la Segunda Edad del Hierro e inicios del Imperio.

El arqueomagnetismo como técnica de datación se basa en dos fenómenos fundamentales: por un lado que el campo magnético varía en el espacio y en el tiempo, y por otro que hay ciertos minerales capaces de registrarlo.
El campo magnético terrestre se define por sus elementos: declinación, inclinación e intensidad. Estos parámetros experimentan una variación de largo periodo, de origen interno, denominada Variación Secular. Esta variación puede ser determinada a partir del estudio de la magnetización remanente registrada en rocas y materiales arqueológicos (paleomagnetismo), obteniendo las denominadas “curvas de Variación Paleosecular”. Si se conocen estas curvas para una región concreta se puede utilizar la magnetización remanente de los materiales para datar estructuras arqueológicas calentadas: la datación arqueomagnética. Pero no todos los materiales arqueológicos son aptos para ser datados. En primer lugar deben muestrearse in situ para poder obtener valores direccionales del campo geomagnético. En segundo lugar, esos materiales deben haber sido calentados a cierta temperatura para perder la señal magnética original (si la hubiere) y registrar el campo en el momento de su fabricación y/o último calentamiento. Además, los calentamientos a altas temperaturas (500-600ºC) permiten la presencia de fases estables que posibilitan buenos estudios de arqueointensidad. De esta manera las estructuras de combustión  como hornos, hogares y termas constituyen los materiales más apropiados para ser datados.
En este trabajo se propone como ejemplo el estudio de un hogar del yacimiento de Fonte do Milho (Portugal). La datación arqueomagnética indica que el último calentamiento se produjo entre 439 a.C.-29 d.C.

IV Jornadas de Jóvenes Investigadores del valle del Duero (Segovia)

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