lunes, 29 de septiembre de 2014

El engaño de la fertilidad (Jaén)

Amanece en Puente Tablas. Está a unos cuatro kilómetros de Jaén capital, pasado el río Guadalbullón por la carretera de Torrequebradilla. A un paso de las urbanizaciones de chalés, la civilización actual deja paso a otra, ya extinguida, que dejó huella en lo que hoy es un yacimiento arqueológico a medio descubrir. A sus puertas, un grupo de personas aguarda con las primeras luces del día a un sol que, como ya hiciera en tiempos de los íberos, va a contarles una historia.
Esta comienza a la entrada del oppidum, donde la puerta (recreada con andamios para causar el efecto original) deja ver la figura de una diosa que va poco a poco iluminándose, hasta que la luz impregna todo su ser. Justo en ese momento, la luz del sol entra en una cueva que hay a la derecha, dentro de un santuario (uno de los pocos íberos excavados). La luz va poco a poco desplazándose hasta la base de la cueva; mientras, la diosa se va ensombreciendo, representado la bajada al mundo de ultratumba. En el momento en que el sol llega al fondo de la estancia del santuario, la divinidad recupera su luz.
"Tiene mucho que ver con Afrodita o Astarté, que en un momento determinado bajan a los infiernos para recuperar a la persona querida, que normalmente es un dios y se produce como consecuencia el matrimonio entre los dos dioses para hacer que la naturaleza sea fértil", cuenta Arturo Ruiz, que dirige la investigación en Puente Tablas junto a Manuel Molinos. "Puede ser Astarté, puede ser Afrodita, porque hemos encontrado elementos de ambas, pero seguramente sea una divinidad local", apunta el arqueólogo sobre la protagonista de un rito vinculado al equinoccio.
Se trata de un truco, de un engaño, de un juego de luces y sombras bastante básico, pero no por ello menos impresionante. Emociona aún hoy, y también lo haría a aquellos que pudieran verlo en el siglo IV a.C., cuando la ciudad estaba en todo su esplendor. Eran pocos los afortunados; la escasez de espacio físico hace suponer que se trataba de un rito elitista reservado en su plenitud a unos pocos: los sacerdotes, el príncipe, y poco más.
Desde lejos, en un punto situado fuera de los muros del oppidum, podía apreciarse a la diosa; una figura muy básica, ruda incluso, "no por primitivisto", apunta Molinos, sino porque está esculpida como algo conceptual. "No quieren que la diosa tenga cara -explica Ruiz-, pero sí se le ven los brazos", al final de los cuales se distingue un disco solar. En la cabeza, una tiara.

Simbología de la fertilidad

El agua, igualmente, forma parte del ritual. A través de una serie de canalizaciones, los constructores de la ciudad íbera condujeron este elemento de manera que entraba en la mencionada cueva para salir de ella después, fingiendo surgir de esa estancia como un símbolo más de fertilidad. "Todo es un truco continuo", afirma Ruiz, explicando que también se han encontrado elementos relacionados con el sol en el palacio del príncipe, excavado con anterioridad.
"Le llamamos el aristócrata-astrónomo, por la fijación que tiene", dice el corresponsable del yacimiento, que dirige también el Instituto de Estudios Giennenses (IEG), asociado a la Diputación Provincial de Jaén. Precisamente esta institución y su ruta Viaje al Tiempo de los íberos han hecho posible en esta década revitalizar unos trabajos que comenzaron en 1982. La investigación actual corre a cargo del Instituto Universitario de Arqueología Ibérica (IAI).
La entidad, con sede en la Universidad de Jaén, nació a finales de los noventa del siglo XX como Centro Andaluz de Arqueología Ibérica. Sus objetivos se centran en la investigación, conservación, gestión y difusión de la arqueología ibérica de Andalucía a través de equipos de investigación propios, de la colaboración interdisciplinar con otros centros, la formación especializada y la organización de reuniones científicas.

Fuente: El Mundo:
http://www.elmundo.es/andalucia/2014/09/28/5426f41e268e3ed4708b456f.html

No hay comentarios: