domingo, 27 de julio de 2014

Tras el oro del Sil (León)

Todavía hay minas de oro inexploradas. Yacimientos camuflados entre la densa vegetación de las comarcas de Laciana, Babia occidental, Alta Omaña y Palacios del Sil. El arqueólogo leonés Rubén Rubio planea prospectar la zona. Tiene permiso de la Junta para ello. Muchos de estos enclaves eran conocidos por los astures, aunque fueron los romanos los que llevaron a cabo la explotación sistemática de los grandes complejos mineros del noroeste peninsular. Minas a cielo abierto y otras subterráneas que acabaron siendo olvidadas.
A Rubio le interesa catalogar el poblamiento antiguo y su transformación vinculada a los enclaves auríferos de la zona. Hay asentamientos incluso de la Edad del Hierro.
Aparte de los ‘depósitos’ de oro del complejo situado entre Salientes y Rabanal de Abajo, Rubio pretende catalogar otras posibles cortas mineras ‘inéditas’. Forma parte de la investigación de su tesis doctoral, que ha titulado Poblamiento antiguo y minería aurífera en la cuenca alta del río Sil (León). La investigación, realizada en el marco de la Universidad de Salamanca, bajo la dirección de Francisco Javier Sánchez-Palencia Ramos (CSIC) y Ángel Esparza Arroyo, se centra en el análisis de las transformaciones socio-económicas y políticas que tuvieron lugar en esta zona entre la I Edad del Hierro y el bajo imperio romano, es decir, a lo largo de unos 1.200 años, con especial atención al impacto de la romanización y la puesta en explotación de un importante conjunto de minas de oro en el alto valle del Sil.
«El proyecto pretende determinar la naturaleza del poblamiento prerromano y romano, estudiar la evolución del paisaje y analizar el paso de las comunidades astures de una escala local o comarcal a un sistema político de rango continental implantado por el Imperio Romano, con las drásticas transformaciones socio-económicas que este cambio debió implicar», explica Rubio.
El objetivo de la prospección arqueológica es catalogar los lugares arqueológicos enmarcados en el abanico cronológico del estudio, para a continuación plantear la posibilidad de seleccionar una serie de enclaves de especial interés (tanto castros como asentamientos en llano e incluso zonas mineras) en los que llevar a cabo excavaciones arqueológicas que ayuden a clarificar el marco temporal de los yacimientos, sus características y las formas de vida de los grupos humanos que habitaron y explotaron este territorio en la antigüedad.
La pregunta es clara, ¿fueron los yacimientos de oro la causa de tantos asentamientos en esta zona leonesa? Para Rubio, «la implantación romana en la zona estuvo condicionada en gran medida por su interés en explotar los yacimientos de oro y, por tanto, la puesta en marcha de la minería aurífera a gran escala es el principal factor que puede explicar la existencia de numerosos asentamientos castreños en el alto Sil. En este sentido, uno de mis objetivos es detectar todas las trazas que se pueden observar en el paisaje de la presencia tanto de los romanos como de las poblaciones indígenas anteriores».

La fiebre del oro

Como se sabe, los romanos extrajeron miles de kilos de oro de León —principalmente de Las Médulas— y removieron millones de metros cúbicos de tierra para conseguirlo. El Estado romano desplegó inmensos recursos para la explotación del oro en la provincia leonesa: legiones y campamentos encargados del control de las minas y del transporte del mineral, construcción de miles de kilómetros de vías, una increíble obra de ingeniería hidráulica (los canales de La Cabrera) para el suministro de agua a las minas...
La fiebre del oro no se apagó tras la caída del Imperio Romano. En el siglo XIX compañías alemanas, holandesas e inglesas continuaron la labor de los romanos en explotaciones mineras concretas. El año pasado la Junta sacaba a concurso 102 derechos mineros a petición de 29 empresarios que investigaban si es rentable volver a extraer oro.

Fuente: Diario de León: http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/oro-sil_908339.html

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