miércoles, 19 de marzo de 2014

El Argar: florecimiento y ocaso de una sociedad


La fase inicial y plena de la Edad del Bronce, correspondiente a lo que conocemos como El Argar, se desarrolló, con diferentes etapas de expansión, entre 2200 y 1550 cal ANE. La evolución de las sociedades de la Edad del Cobre, fundamentalmente sus rasgos comunitarios, marca una acusada tendencia a la individualización.
En oposición a los sepulcros colectivos de inhumación del III milenio, destacando en el territorio, ahora los espacios funerarios se integrarán en el interior y el entorno inmediato de los poblados, bajo las viviendas, en los bancos de las habitaciones y en covachas naturales y artificiales. Cistas construidas con lajas de piedra, estructuras de mampostería o vasijas cerámicas se utilizan para albergar las inhumaciones.
Los enterramientos en los poblados y las casa estarían vinculados a la veneración de los antepasados del núcleo familiar. Los enterramientos argáricos corresponden únicamente a un sector de la población, aquel que se vincula con conceptos de sangre y linaje, como una muestra más de la ostentación de prestigio, alcurnia, riqueza y poder. Estos grupos privilegiados enterrarían en los poblados a individuos singulares, en ocasiones acompañados por uno o varios miembros de la familia nuclear (pareja, hijos..), con ajuares personalizados.
Estos ajuares constituyen las ofrendas que acompañan al muerto a la otra vida y a través de ellos podemos interpretar como se estructuraría la sociedad. Los enterramientos argáricos evidencian el rito del banquete funerario, que se detecta a través de los conjuntos de vajilla, en ocasiones extremadamente fina y de aspecto casi metálico fabricada para la ocasión, relacionados con alimentos (vasos carenados y lenticulares, ollas, cuencos...) y bebidas (botellas, cuencos y, especialmente, copas). Se han recuperado restos cereales (trigo, cebada...) y carnes (vacas, caballos, ciervos, ovicápridos...), y sabemos que la carne de bóvido, los más ricos ajuares metálicos y la vajilla ceremonial estaban reservados a los sectores más elevados de la sociedad.
En cobre o, más tardíamente, en bronce se fabricaron espadas, alabardas, hachas, puñales/cuchillos, punzones y pequeños adornos, mientras que el oro y la plata se reservaron principalmente para la elaboración de brazaletes, pendientes anillos o diademas. Estos elementos están también presentes en los ajuares funerarios.
Urbanísticamente, se establecen en poblados emplazados sobre cerros, dominando el llano, que no por ello se desahabita. Estos poblados fortificados protegerían personas alimentos y productos valiosos (como la sal, el cobre, el estaño, marfiles, armas, joyas...), mediante complejos sistemas defensivos compuestos por murallas dotadas de bastiones y torres, cuyas puertas se delimitan con torres que estrechan los pasillos de acceso al interior. Los poblados albergan, dispuestas densamente sobre las laderas aterrazadas, viviendas y dependencias de planta alargada (rectangulares, absidales o trapezoidales), silos y cisternas construidos con piedra y barro.
La expansión argárica por el tierras del Sudeste conlleva una mayor diferenciación social cada vez más acusada, en que la riqueza se basa en el control de ciertas materias y de un amplio campesinado, a menudo asociada a luchas intergrupales, como evidencian heridas por filo cortante detectadas en algunos individuos. Las cimas de los cerros sirven de pequeñas acrópolis de las familias de los linajes dirigentes y en ellos se concentraron los elementos más valiosos, como armas y adornos de metal (cobre, bronce, plata y oro), estructuras monumentales, silos y carne o ganado de mayor tamaño (bóvidos y équidos).
Hacia 1550 cal ANE, el Argar colapsa por una suma de factores socioeconómicos y ecológicos. El incremento de la aridez y la sobreexplotación del medio, con la quema de grandes masas de vegetación arbórea para pastos, agricultura y combustible, especialmente para labores metalúrgicas, provocó el agotamiento de los recursos naturales, y una consiguiente pérdida demográfica, asociándose al desarrollo de patologías y a una alta mortalidad infantil.


Elisa Ruiz Segura

Bibliografía:
CONTRERAS CORTÉS, F. 2001-2002: “El mundo de la muerte en la Edad del Bronce. Una aproximación desde la cultura argárica. ...Y acumularon tesoros. Mil años de historia en nuestras tierras. Caja de Ahorros del Mediterráneo. Alicante.

El Argar

Imagen: Archivo MARQ
Poblado y Enterramiento de Castellón Alto (Galera, Granada)

Fuente: http://tumarq.marqalicante.com/post.php?post=251

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