sábado, 18 de enero de 2014

El rastro del faraón desconocido resucita en la necrópolis de Abydos (Egipto)


Las arenas de Abydos, uno de los principales centros políticos de Alto Egipto, han vuelto a desvelar otro asombroso retazo de historia. Una misión de arqueólogos estadounidenses ha hallado la tumba y el esqueleto del faraón Senebkay, un rey desconocido hasta ahora que gobernó hace 3.700 años, durante el decrépito y agitado segundo periodo intermedio (1800 a. C. a 1550 a. C.).
El descubrimiento, anunciado este miércoles por el ministerio de Antigüedades egipcio, no deja lugar a dudas sobre la identidad del finado. El nombre del difunto se menciona en un cartucho real que mantiene una sorprendente viveza cromática y aparece en el sarcófago y una de las paredes de la tumba desenterrada en la necrópolis de Abydos, a unos 500 kilómetros al sur de El Cairo.
Senebkay fue un rey alto, debió medir alrededor de 1,85 metros de altura
"Su reinado era un misterio y no existía mucha información hasta el hallazgo de la tumba", ha explicado el egiptólogo Joseph Wagner, director de la misión de la Universidad de Pensilvania que ha rescatado del olvido a Senebkay. El lugar de pequeñas dimensiones -"el tamaño podría indicar la precaria situación económica en aquel período", sugiere el experto- fue construido reutilizando bloques de piedra que datan del Imperio Nuevo.
En su interior, se han hallado restos de un sarcófago de madera que contenía el deteriorado esqueleto del faraón y varios canopos, recipientes usados para guardar los vísceras del rey. Sin embargo, no se ha encontrado el mobiliario funerario que habría sido robado por los ladrones que profanaron la tumba y dañaron también la momia del monarca. Según el estudio preliminar de sus restos, Senebkay calzó una buena altura: aproximadamente los 185 centímetros.
Su resurrección podría arrojar luz sobre una etapa oscura, en la que Egipto era un estado dividido y dominado por reyes fugaces, a menudo militares o extranjeros que eran desalojados del trono apenas unos meses después de su ascenso. En concreto, la regencia de Senebkay demostraría que una parte del imperio rechazó la invasión de los hicsos, oriundos de Canaán (el territorio que ocupan hoy Palestina y Siria) que tomaron el control del Bajo Egipto a mediados del siglo XVII a. C aprovechando la crisis interna.
El nombre del difunto aparece en un cartucho real de sosprendente viveza cromática
Según esta hipótesis, Senebkay pertenecería a la XIII dinastía, bautizada como la "dinastía de Abydos" por el egiptólogo Kim Ryholt. De hecho, el ministro egipcio de Antigüedades Mohamed Ibrahim confía en que el relevante hallazgo y los trabajos de excavación y restauración mejoren la información sobre las familias de Abydos que gobernaron durante el segundo período intermedio, una etapa de enormes desafíos, y lograron mantener la independencia frente a los hicsos.
La tumba de Senebkay se encuentra cerca de la sepultura del faraón Sobekhotep cuyo descubrimiento también anunció a principios de este mes la misión de la Universidad de Pensilvania. El equipo de Wagner encontró fortuitamente el enterramiento hace un año pero solo pudo confirmar su identidad hace unas semanas tras examinar el enorme sarcófago de cuarcita y más de 60 toneladas que sirvió de tumba para Sobekhotep I, quien reinó durante cuatro años y medio durante la misma época de Senebkay.
Abydos, que la misión americana horada desde hace más de tres décadas, fue inicialmente el cementerio para nobles del período predinástico. Con el tiempo, las tumbas se hicieron mas grandes y la necrópolis se acabó convirtiendo en el lugar de descanso de los primeros reyes de Egipto. Todos los gobernantes de la primera dinastía fueron enterrados allí. En la dinastía II, sin embargo, el cementerio real se trasladó por algún tiempo a Saqqara, donde los monarcas eran enterrados en sofisticados laberintos subterráneos con gran cantidad de cámaras y corredores. Los últimos reyes de aquella dinastía se reconciliaron con Abydos y la eligieron para iniciar su vida de ultratumba.






Fuente: El Mundo: http://www.elmundo.es/ciencia/2014/01/16/52d6d94d22601ddf798b4587.html

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