martes, 30 de julio de 2013

Un menor del medievo (León)

 
Cuando el operario contratado por Roberto Fernández para que arreglara un trozo de su huerto donde quería hacer un pequeño invernadero topó con una calavera, nunca pensó que se trataría de los restos de un niño de hace casi diez siglos. Un hallazgo que demuestra la importancia de las repoblaciones cristianas en Cistierna y en todo el norte de la provincia leonesa.
Según explica Fernández, lo primero que vieron fueron las piedras que cubrían al niño, que según el tamaño de sus huesos se piensa que tenía unos seis años. Pero hasta que no dieron con lo que fue el cráneo, el trabajador no dejó el taladro, de ahí que los restos estén «revueltos» y la calavera partida.
Una vez que limpió toda la tierra de alrededor, pudo comprobar que eran los restos de un niño, por lo que dio comunicación a la Junta de Castilla y León para que comprobara si los huesos tenían valor. «Según me dijo el arqueólogo, la tumba era de un cristiano de entre los años 900 y 1100», explica Fernández, quien asegura que la religión del menor se sabe porque la tumba está orientada al este, con la cabeza en el oeste.
Además, la cabeza estaba sujeta por dos piedras 'orejeras', que permitían colocar el cráneo para que no se cayera y siempre estuviera mirando al frente, como manda también la tradición cristiana. De lo que no hay restos es de ajuar. «Parece que eran pobres como ratas», apunta Roberto.
 

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