lunes, 1 de julio de 2013

Dos sarcófagos para una momia (Egipto)

 
Después de varias campañas de excavación, los investigadores de la Universidad de Jaén (UJA) que trabajan en la necrópolis faraónica de Qubbet el-Hawa, situada frente a la ciudad egipcia de Asuán, han podido por fin acceder este año a la cámara funeraria de la tumba número 33, una de las más grandes del complejo. Dentro encontraron un sarcófago, y dentro de este, otro más.
Y es que, para sorpresa de los arqueólogos, quienes prepararon el cuerpo que allí reposa crearon una especie de juego de muñecas rusas enterrando a la momia en dos ataúdes, uno dentro del otro y el primero, además, destinado a una mujer, tal y como apuntan las inscripciones que hay sobre su superficie.
Según el responsable del proyecto, el profesor Alejandro Jiménez, la explicación es la falta de tiempo. El titular de la tumba 33, un antiguo gobernante de la isla de Elefantina (situada en mitad del Nilo, en la misma zona de la necrópolis), falleció de forma repentina en torno a los 26 años. El hecho pilló de improviso a la familia, que echó mano del único ataúd que había disponible, y que era para una fémina. Después, prepararon un sarcófago específicamente para él, un hombre, e introdujeron a la momia sin sacarla de la otra caja.
"El exterior se encontraba muy mal debido a que había sido afectado por los xilófagos (termitas), y el interior estaba en perfectas condiciones porque estaba hecho de una madera mucho más dura", ha comentado Jiménez, señalando que no han podido aclarar el embrollo hasta que no han accedido al cuerpo momificado y lo han estudiado con detenimiento.

Un tesoro escondido

Los investigadores de la UJA son los primeros en entrar en esta cámara funeraria desde que se sellara, hace 4.000 años. Estaba intacta, pues, todo gracias a unos saqueadores que en su día entraron en la tumba en busca de tesoros. Excavaron el pozo adyacente y, al hacerlo, taponaron sin darse cuenta la puerta secreta de la cámara con los escombros.
El equipo de Jaén, que trabaja en Egipto desde 2008, la localizó hace unos años con la ayuda del Doctor Mohamed el-Bialy, por aquel entonces responsable del Consejo Supremo de Antigüedades en Asuán y Nubia. En las tres últimas campañas han trabajado para acceder a la gran losa de piedra pulida que sellaba la cámara. Una vez retirada la losa, han podido entrar y ver, al fin, lo que había en su interior, así como tratar de identificar a su dueño, que parece ser vivió durante la época del reinado del faraón Amenemhat III (1818-1773 a.C.).
Las tumbas de Qubbet el-Hawa disponen de un patio abierto, al estilo de los templos egipcios, por el que se accede a una sala con pilares que imita a un bosque de papiros. Esta sala era el lugar donde se dejaban las ofrendas y comunica con diversos túneles y puertas secretas por los que se accede a las cámaras en las que se encuentran los ataúdes.
"Estas tumbas han sido re-ocupadas en tres periodos históricos diferentes, lo que nos permite apreciar la evolución que se ha producido en el uso de algunos elementos del ajuar funerario, lo cual es un privilegio", ha dicho sobre este cementerio privado el profesor de la UJA, que espera poder mantener el proyecto en Egipto a pesar de los recortes.
 
 

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