lunes, 1 de julio de 2013

Atapuerca busca su neandertal (Burgos)

 
Los próximos días pueden suponer un giro importante en la historia del yacimiento de la Sierra de Atapuerca (Burgos). Así lo entiende uno de los codirectores de las excavaciones de la sierra burgalesa, José María Bermúdez de Castro, consciente de que se producirán nuevos hallazgos que cambiarán el estudio de la evolución humana. Sin ánimo de aventurar lo que para un científico resulta imposible, el paleontólogo considera que podría ser esta la campaña en la que pudieran «felizmente» hallarse restos de la especie Neandertal, para completar así un ciclo al tener la secuencia completa de homínidos.
La campaña 2013 podría ser «perfecta» de hallarse restos de la especie neandertal. «Hay restos en Cueva Mayor de industria musteriense propia de esta especie y estamos en fechas», declaró el paleontólogo, quien entiende que «sería una casualidad muy feliz poder encontrarlo». En este sentido, reconoce que hallar esta especie es una de las «espinitas» que los codirectores tienen clavadas, porque «tenemos todas las especies que ha habido en Europa en Atapuerca», menos los restos de los neandertales. «Acabará apareciendo», confía.
«Nosotros hemos tocado la punta del iceberg, pero lo que queda por debajo es muchísimo», afirma el paleontólogo. «Emiliano Aguirre tocó, nosotros empezamos y las siguientes generaciones serán las que obtengan más resultados», añade. Con esta premisa, el científico explica cuáles son los objetivos de esta nueva campaña de trabajo, que será quince días más corta que las anteriores y que comienza en la Trinchera del Ferrocarril, pero que resume en dos: conocer lo que tenemos en la actualidad en los yacimientos y preparar el futuro.
De momento, los 150 investigadores que comienzan a excavar en la Sierra de Atapuerca «tenemos una serie de objetivos que cubren el Pleistoceno Inferior, el Medio, el Superior relativo a los neandertales y el Holoceno», anota Bermúdez de Castro.
«Atapuerca seguirá dando frutos durante muchísimo tiempo», dice y basa su optimismo en el «potencial incalculable» de la excavación. «Hay yacimientos conocidos que están sin tocar, otros que están por descubrir que tienen cuevas y cavidades, porque hemos hecho pruebas por unos métodos geofísicos que nos permiten conocer las que están vacías o rellenas», explica.
«La Galería del Sílex está repleta de restos arqueológicos y paleontológicos a la espera de que haya dinero y un proyecto», pone como ejemplo el codirector. Asimismo, «los yacimientos de la Gran Dolina, uno que está sin tocar vallado y protegido y la Galería están conectados entre los tres yacimientos, por lo que hay un conjunto de vías que los unen unos con otros, y esos conductos están llenos de sedimentos», destaca.
La Covacha de los Zarpazos
Es más, «sabemos que a la Galería no accedieron por la trampa natural que conocemos todos, sino que por la Covacha de los Zarpazos, que está totalmente obturada, que sale al exterior, y sabemos por dónde, por lo que no tendríamos más que excavar allí, hacer el camino que hicieron ellos para llegar». Pero eso será más adelante.
En el Pleistoceno Inferior, «seguiremos trabajando en la Sima del Elefante para conocer los niveles más bajos, ya que este yacimiento es de futuro», afirma el investigador. Ahora mismo, «prácticamente lo que estamos haciendo es limpiar el corte, conocerlo muy bien, tenerlo niquelado para que cuando lleguen las siguientes generaciones puedan trabajar en el yacimiento con todos los datos que nosotros estamos aportando».
En cuanto a la Gran Dolina, «tenemos el sondeo para conocerlo bien, con todos los niveles, poder hacer dataciones, estudiar paleomagnetismo y tenerlo absolutamente controlado». Bermúdez de Castro apunta que este año no llegarán «al fondo donde hay evidencias de presencia humana, que encontramos en 1990 y 1991, pero cuando lleguemos, tendremos una alfombra de fósiles increíble y encontraremos una industria lítica muy próxima al millón de años». Además, aquí uno de los objetivos es encontrar «un evento paleomagnético que se llama Jaramillo, que tiene unos cien mil años de duración, y creemos que está en la parte baja de la Gran Dolina, donde no hay restos de fauna ni de industria lítica, que es muy importante para entender la evolución humana del Pleistoceno Inferior».
 

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