martes, 18 de septiembre de 2012

Cripta arqueológica del atrio de Notre Dame (París, Francia)



La cripta arqueológica está situada frente a la Catedral de Notre Dame de Paris. El acceso se situa en la Place du Parvis de Notre-Dame.
En esta cripta se localizan restos encontrados en excavaciones arqueológicas pertenecientes a restos edificios de diversos periodos, desde la Antigüedad (galo-romano), pasando por la Edad Media (restos medievales de la calle Neuve Notre-Dame) y llegando al siglo XIX (cimientos del Hospicio des Enfants-Trouvés).
En esta zona se han llevado a cabo numerosas campañas de excavación, entre las que destacan dos, por ser las que dejaron al descubierto restos destacables de las épocas romana y altomedievales: la primera en 1847, fue dirigida por el profesor Théodore Vacquer (con quien se redescubre el París antiguo), y la segunda de 1965 a 1967, por Michel Fleury (Vicepresidente de la Comisión du Vieux París y entonces director de las Antigüedades históricas de la región Île-de-France).
Hay restos de una vivienda galo-romana de la ciudad de Lutecia, asentamiento de los parisii, la tribu celta que habitó la isla 2000 años antes y que le dio nombre posteriormente a la ciudad de Paris. Estas ruinas se descubrieron durante unas excavaciones llevadas a cabo en el lugar entre 1965-1967. La cripta arqueológica se abrió al público en 1980.
Del Alto Imperio Romano se conservan diversos vestigios de las zonas de hábitat, se halló una estatua de bronce del dios Génius, sectores del muelle y puente de Lutecia, además de un importante contrafuerte (del que todavía no se ha sabido dar una interpretación).
Del Bajo Imperio se han hallado las huellas de la fundación de un muro de defensa levantado en el siglo IV d. C. Éste está realizado a base de grandes bloques de sillares, algunos de los cuales son de antiguos edificios, y además al pie del mismo se halló un “tesoro” con más de 800 monedas.
En esta misma época la isla fue ampliamente reconstruida. Así, tras las obras subsisten los vestigios de una casa que poseía hypocaustos, es decir, un sistema de calefacción que los romanos utilizaban para los edificios de termas y baños públicos.
 Las construcciones de la Alta Edad Media están representadas por los cimientos de un gran edificio con forma de basílica, que cuenta con nada menos que cinco naves. Estos vestigios han sido interpretados como la basílica de Saint-Etienne. Ésta fue construida, según parece, en el siglo VI por Childeberto I, hijo de Clodoveo. Mide nada menos que 36 metros de largo y otros 70 metros de alto, unas dimensiones que evidencian que se trataba de una de las iglesias más grandes de la Galia.

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