martes, 5 de junio de 2012


Guadix es un lugar histórico y patrimonial de primer orden. Es una ciudad pequeña, pero con unos enormes valores, tanto por su enclave geográfico y paisajístico como por el importantísimo patrimonio arqueológico y arquitectónico que atesora. Para muchos, incluso cercanos, resulta desconocido. Descubrirlo es, a la vez, un motivo de sorpresa y de una enorme tristeza. El estado de abandono, e incluso ruina, de una parte sustancial de este sobresaliente patrimonio y la falta de protección de muchos de sus elementos, generan una enorme inquietud sobre su presente y futuro.
Las raíces históricas de Guadix se hunden en la Prehistoria, pero su evolución no es del todo bien conocida. Las recientes investigaciones sobre la ciudad de Guadix han comenzado a cambiar las interpretaciones que sobre la ciudad se habían realizado tradicionalmente y que se encontraban muy consolidadas no solo en la historiografía, sino también en el imaginario colectivo de los accitanos.
Hay hechos que resultan, sin duda, evidentes e imposibles de obviar, como la aparición del teatro romano en el año 2007. Su descubrimiento a raíz de la construcción de un aparcamiento subterráneo ha venido a trastocar buena parte de lo que hasta el momento se sabía sobre el núcleo urbano, pero también ha venido a poner de manifiesto problemas en la gestión del patrimonio y la necesidad de plantear un debate sobre qué futuro y proyectos se plantean para una ciudad histórica de esta categoría, tanto a nivel general como en espacios concretos como éste del entorno de la catedral y torreón del Ferro.
Igualmente, los estudios sobre la ciudad medieval, incluida la alcazaba, o sobre la arquitectura mudéjar, han abierto nuevas posibilidades y están transformando muchas de las cosas que sabíamos sobre Guadix hasta ahora, descubriendo una ciudad todavía más fascinante y en conexión con lo procesos históricos que tienen lugar en el resto del Mediterráneo a lo largo del tiempo.

La Prehistoria

La ciudad de Guadix presenta una ocupación más o menos continuada desde la Prehistoria hasta nuestros días.
Las diferentes excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en Guadix hacen constatar que será en la Edad del Bronce cuando se produzca por primera vez una ocupación de su solar. Se trataría de un asentamiento argárico de mediados del II milenio, de cabañas parcialmente excavadas en la arcilla, utilizada como zócalo para sus muros, con hogares y estructuas relacionadas con el procesado del cereal, así como sepulturas circulares en fosa excavadas bajo el suelo de la habitación. Estructuras de molienda y silos se han documentado en las excavaciones realizadas en las calles Concepción y San Miguel y sepulturas como las mencionadas, en la excavación realizada en la calle Ramón Gámez.
Posteriormente habrá una ocupación del Bronce Final en la que parece apreciarse una evolución de las estructuras con cabañas de tendencia circular, así como elementos de uso doméstico, como los hornos y hogares constatados en las Calles Concepción y San Miguel.
Estos pocos datos, unidos a la existencia de algunos restos cerámicos de esta época, llevan a localizar el asentamiento de la Edad del Bronce en la ladera norte de la colina central de la ciudad, asomándose al río y a su fértil vega.

Época ibérica

En época ibérica se ha constatado la presencia de un oppidum desde el s. VI a. C., que se caracterizaría por un urbanismo bien definido, así como por algunos cambios constructivos y reestructuraciones urbanas.
Las diferentes excavaciones realizadas, como las de la calle Palacio, muestran espacios complejos con muros rectos y suelos de adobe rojo. En la intervención realizada en el callejón de la Tahona se documentaron hornos y silos que muestran una mayor complejidad del asentamiento.
En el Ibérico Pleno cambia el urbanismo en lo que a los sistemas constructivos y la orientación de las casas se refiere. Una posible prensa de aceite localizada en la mencionada calle Palacio mostraría un área de actividad artesano-industrial muy importante para estos momentos.
Finalmente, las excavaciones del antiguo solar del Cine Acci vuelven a confirmar el horizonte ibérico, pues aquí se documentó para  el s. V a.C. un hogar de pizarra y un suelo de tierra apisonada con restos cerámicos realizados a torno, así como restos de cuatro habitaciones con muros de adobe sobre zócalos de piedra y dos hornos, posiblemente domésticos.

La ciudad romana

Las primeras noticias escritas sobre la ciudad romana nos las proporcionan autores como Ptolomeo, que ofrece el nombre y la localización geográfica de Acci en el último lugar de una lista de las quince ciudades mediterráneas de los Bastetanos. También Plinio menciona Acci como una colonia romana de la Tarraconense que pertenecía al conventus Carthaginensis. Por último, Macrobio y Antonino realizarán menciones al núcleo accitano.
Pero serán la epigrafía, la numismática y la arqueología las que proporcionen más información sobre la ciudad que, en cualquier caso, resulta todavía escasa. De hecho, hasta la aparición fortuita del teatro en el año 2007 ni siquiera se tenía sospecha de su existencia. Tampoco se conoce la ubicación del foro.
Si se documentó toda una red de cloacas, galerías y conducciones de agua en plomo en la calle Palacio, en el antiguo Hospital Real y en la calle San Miguel.
Algunos investigadores han interpretado unas estructuras de planta circular con gradas, situadas bajo el patio central del convento de la Concepción, como unas posible termas romanas, pero los revestimientos actuales impiden confirmar esta hipótesis.
En la calle San Miguel, los arqueólogos interpretaron una estructura rectangular con un desarrollo a partir de dos paños, como una posible puerta de la ciudad romana. Posteriormente, estas hipótesis han sido revisadas, interpretándose la excavación como los restos de un templo, del que además se documentaron un capitel corintio y una cabeza de Trajano.
La fundación de la colonia sería una deductio militar, como indican las monedas acuñadas en Acci, en las que aparecen águilas legionarias e insignias militares dobles junto al nombre de la colonia. La ciudad gozaría de ius itálicum, lo que favorecería la concentración humana y el dinamismo económico.

La crisis tardo-romana y altomedieval

En torno a los siglos III y IV, la ciudad perdió peso y la caída del Imperio romano provocó una crisis generalizada en todo el ámbito urbano. Desaparecerán muchas de sus estructuras y es posible que gran parte de la población se fuera a vivir a asentamientos rurales, a las afueras de la ciudad. Podemos situar el inicio de esta crisis en el año 212 con el Edicto de Caracalla, pues aquí acaba el estatus de privilegio de la ciudad.
Sabemos que Guadix debió de ser una de las primeras ciudades convertidas al cristianismo, pues hay constancia de una sede episcopal con obispos documentados desde el s. IV. Además, se sabe que el presidente del concilio de Elvira, celebrado en esa misma centuria, fue un obispo de Acci llamado Félix.
Sin embargo, todo parece indicar que para el siglo IV son muy pocos los restos arqueológicos localizados. A partir de esta centuria, es prácticamente imposible adscribir estructura alguna, hasta prácticamente el siglo XI.

La medina andalusí

No será hasta este último siglo, en época zirí, cuando encontremos de nuevo una entidad urbana, ahora llamada Wadi Ash, en cuya zona más elevada se erigirá una fuerte alcazaba visible hoy en día en buena medida.
Sería entonces cuando se produjo el desarrollo urbanístico de la ciudad, con el consiguiente amurallamiento que abarca una medina claramente definida en el siglo siguiente, durante las épocas almorávide y almohade. Alrededor de esta medina se formará progresivamente un anillo de arrabales, como el de San Miguel, la Magadalena, la Almoreja o Santa Ana.
Pero es sin duda en época nazarí cuando la ciudad adquiere su máximo esplendor como integrante del Reino de Granada. De hecho, el propio soberano Muhammad I se titularía alcaide de Guadix en 1232.
Su alcazaba se convierte ahora en una zona de muy difícil acceso, por lo que en este periodo, muchos rebeldes y soberanos nazaríes depuestos se refugian en esta tierra. El propio Muhammad V huyó hacia Guadix tras su destronamiento, tal como relata Ibn Al-JatÎb.
En las postrimerías de al-Andalus, durante las luchas entre los nazaríes, El Zagal ocupará Guadix, pero no se demorará en exceso su resistencia a los cristianos. Así, tras la conquista de Baza, el 30 de Diciembre de 1489 cae Guadix en manos de los castellanos.
La estructura de la medina vendría configurada por una muralla que se organiza basándose en la incidencia de las puertas. Abarca un espacio muy claramente definido y visible hoy día, formando una especie de triángulo que va desde el Torreón del Ferro hasta la Alcazaba, recorriendo toda la actual calle San Miguel; del Torreón del Ferro a la calle Ancha, recorriendo el actual paseo y bordeando la plaza de las Palomas; y de la calle Ancha, se uniría de nuevo a la Alcazaba.
Las referencias escritas a la mezquita mayor de Wadi Ash son bastante tardías. La única descripción con la que contamos es la que hace el viajero alemán Münzer cuando visita la ciudad en 1494: “Es una mezquita bastante bella y hexagonal. Tiene setenta columnas libres y en el centro un bello jardín cubierto, en medio del cual hay una fuente viva para sus acostumbradas abluciones. Ahora esta dedicada a la Bienaventurada Virgen María”.
Dentro del ámbito de la Medina, se ha constatado la existencia de unos baños ya mencionados, situados bajo el actual Convento de la Concepción que, aunque se ha dicho que podrían ser romanos, es más probable que se correspondan con unas estructuras medievales. En el arrabal de la rambla, se localizaron otros baños, sobre los que se asentará posteriormente el Convento de Santa Clara.
El 30 de Diciembre de 1489, la ciudad es entregada a los Reyes Católicos. Pero verdaderamente, es en Septiembre de 1490 cuando se produce la conquista de la ciudad. Es entonces cuando Wadi-As pasa a llamarse Guadix y comienza la transformación de la ciudad musulmana en cristiana. En ese año, se descubre un intento de asalto a la alcazaba por parte de los musulmanes y judíos, lo que da lugar a su expulsión de la medina, y a su consiguiente emigración en torno al Arrabal del Tollir, conocido entonces como Arrabal de la Morería (Actual Barrio de Santa Ana);  la Vega y el Sened.

La Guadix castellana

La Mezquita aljama y demás mezquitas se van a purificar y bendecir, desapareciendo muchas de ellas, y el maqaber deja de usarse como cementerio, pues se generaliza el enterramiento en las iglesias.
Poco a poco la ciudad va configurando su urbanismo cristiano, ensanchando sus calles, abriendo los adarves cerrados, creando plazas como la Mayor, e instalaciones como la Cárcel, la Casa de los Corregidores, o la Casa de los Escribanos. La mezquita mayor se comenzaría a demoler en torno al año 1500 para la construcción de la actual catedral.
La Alcazaba fue perdiendo su peso funcional y su presencia urbanística. De igual modo, la muralla de la medina se ve afectada por las diferentes casas nobles que se van adosando a ella. Las puertas y fuentes irán transformándose, perdiendo su configuración y su papel urbanístico.
La judería se convirtió en un enclave mas del denominado Barrio Latino, pero pronto desaparecerán sus patios y corrales y el edificio de la antigua sinagoga será sustituido por el Hospital Real.
La antigua Plaza de Almazán sufrirá una transformación radical. La demolición de las tiendas, arcos internos y casas ubicadas aquí se justifican por la necesidad de implantar un corazón administrativo que defina la gran plaza porticada con su fuente central. Este espacio acogerá la Casa del Común, la Cárcel y el Balcón de los Corregidores.
Los nuevos conventos, iglesias e instituciones religiosas rellenan los claros en el tejido urbano, ocupando un lugar importante en la nueva trama. Los palacios y casas hidalgas ocupan y reaprovechan espacios importantes de la medina. Destacan los de los Pérez Barradas (Palacio de Peñaflor); el de los Fernandez de Córdoba (Palacio de Villalegre); el palacio de los Benavides (hoy desaparecido).
Las antiguas mezquitas de los arrabales se convierten en iglesias y ermitas, como las de San Miguel, Santiago, Santa Ana, La Magdalena, San Juan, Santa Cruz. Se implantarán asimismo dos conventos situados respectivamente en el camino de Fiñana (San Francisco) y en el de Paulenca (Santo Domingo). Ambos están situados estratégicamente para evangelizar a la población.
En torno a la Calle Ancha y los Barrios de Santiago y San Torcuato, se crea una zona comercial, asentándose aquí importantes casas hidalgas y el Pósito.
El Barrio de Santa Ana, será el único que conserve su estructura morisca, con sus callejuelas estrechas, placetas y adarves.

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