jueves, 8 de abril de 2010

CUEVA DE ALTAMIRA (CANTABRIA)


La Cueva de Altamira está situada en la localidad de Santillana del Mar (Cantabria), en ella se conserva una de las manifestaciones pictóricas más importante de la Prehistoria, pertenecientes a los períodos Solutrense y Magdaleniense, dentro del Paleolítico Superior.
La Cueva fue descubierta en 1875 cuando un el pastor Modesto Cubillas informó a D. Marcelino Sanz de Sautuola, un estudioso que destacó como botánico e historiador. Años después, en 1878 acudió a la Exposición Universal de París, donde vio objetos prehistóricos del sur de Francia. La sorpresa que le produjo el gran parecido de estos objetos con lo encontrado en Altamira, le impulsó a volver a la cueva a continuar con sus investigaciones, así en 1879 regresó con su hija María quien localizó las famosas pinturas. D. Marcelino identificó los animales pintados como bisontes, asoció los pigmentos tomados del suelo con los colores del techo y comparó estas figuras con las representadas en el arte mueble paleolítico. En sus Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander, publicado en 1880, descubría el arte rupestre paleolítico.
La Cueva de Altamira es relativamente pequeña: sólo tiene 270 metros de longitud. Presenta una estructura sencilla formada por una galería con escasas ramificaciones. Se definen tres zonas: la primera está formada por un vestíbulo amplio, iluminado por la luz natural y fue el lugar preferentemente habitado por generaciones desde comienzos del Paleolítico Superior. La segunda es la gran sala de pinturas policromas. Finalmente, existen otras salas y corredores en los que también hay manifestaciones artísticas de menor trascendencia.
La pintura está hecha con pigmentos minerales ocres, marrones, amarillentos y rojizos, mezclados con aglutinantes como la grasa animal. El contorno de líneas negras de las figuras se realizó con carbón vegetal. Se aplicaron con los dedos, con algún utensilio a modo de pincel y en ocasiones soplando la pintura a modo de aerógrafo.
Estas pinturas dan una sensación de realismo, que se consigue mediante el aprovechamiento de los abultamientos naturales de la roca que crean la ilusión de volumen, la viveza de los colores que rellenan las superficies interiores (rojo, negro, amarillo, pardos) y la técnica del dibujo y el grabado que delimita los contornos de las figuras.
De todas las representaciones pictóricas de la Cueva destaca el Bisonte encogido, una de las pinturas más expresivas y admiradas de todo el conjunto. Está pintado sobre un abultamiento de la bóveda. El artista ha sabido encajar la figura del bisonte, encogiéndolo, plegando sus patas y forzando la posición de la cabeza hacia abajo. Todo ello destaca el espíritu de observación naturalista de su realizador y la enorme capacidad expresiva de la composición.
Finalmente hay que destacar la importante labor del Museo de Altamira, como centro para la conservación, la investigación y la difusión, de la Cueva de Altamira y la Prehistoria

Alicia Tejeiro Pizarro (Asociación Científico - Cultural Zamoraprotohistórica)

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