martes, 9 de marzo de 2010

LOS CABALLEROS PARDOS EN LA SALAMANCA MEDIEVAL DEL SIGLO XII


Los caballeros pardos en la Salamanca medieval del siglo XII
José Luis Sánchez Iglesias. Historia Medieval. Curso «Historia de Salamanca»

Desde que las milicias salmantinas se habían apoderado de Ciudad Rodrigo, allá por el año de Nuestro Señor de 1136 de la Era Cristiana, y habían participado en la efímera conquista del castillo de Albalat, fortaleza situada en un paso vadeable del río Tajo, y en el asedio de la ciudad de Coria, la pujanza militar de los caballeros salmantinos y sus milicias había ido en aumento. Sus correrías y hazañas por las tierras situadas al sur de la Extremadura del Duero, en tierras musulmanas, junto a sus hermanos abulenses y segovianos, corrían de boca en boca asombrando a sus contemporáneos. Un incansable viajero de aquellos tiempos, Al Idrisi, príncipe de la dinastía Hammudi, que había nacido en Ceuta y realizado estudios en Córdoba, decía en su Geografía de España, refiriéndose a los habitantes de Salamanca, Ávila y Segovia, que eran jinetes vigorosos, muy numerosos y bien organizados. Que vivían todos ellos en la caballería del Señor de Toledo, que poseían grandes pastos y yeguadas, y se distinguían en la guerra como valientes, emprendedores y sufridos. Los textos de la época los llaman "serranos" y "caballeros pardos", quizás porque vestían un ropón pardo, y también "fronteros" y "caballeros villanos".

Estos mismos textos decían que los fronterizos, que habitaban un amplio territorio comprendido entre el Duero y el Sistema Central -la Extremadura del Duero para los cristianos, Al-Sarrasin para los musulmanes- formaban grupos de mil, dos mil, cinco mil o incluso diez mil caballeros, y se adentraban en tierras de dominio musulmán, devastando toda la región y apresando muchos cautivos, tanto hombres como niños y mujeres, y abundante oro y plata, así como caballos, toros, mulos y vacas. La exageración era evidente como solía ocurrir con los textos de la época, pero ponía de manifiesto el tipo de actividad que dominaba todo el territorio y el modo de vida de sus gentes, así como el engrandecimiento e importancia que adquieren la ciudad de Salamanca y sus caballeros.

No es por tanto extraño que Alfonso VII escogiera Salamanca como cuartel para sus huestes en la incursión realizada contra Coria, que tras varios intentos fallidos acabaría cayendo en manos cristianas, lo que trajo consigo la perdida del castillo de Albalat, que durante años fue el punto más avanzado del dominio andalusí, y punto de partida de las aceifas de los musulmanes sobre territorio salmantino. Tampoco resulta extraño que los salmantinos, junto a los abulenses, lo arrasaran.



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